Describe el problema antes de elegir la solución
Empieza por el uso del espacio. ¿Qué resulta incómodo? ¿Qué elementos están deteriorados? ¿Qué estancia ya no responde a tus necesidades? Describir esas situaciones aporta más contexto que señalar únicamente un acabado o una fotografía de referencia.
Si sospechas una causa técnica, diferénciala de lo que has observado. No es lo mismo indicar que aparece una mancha que dar por diagnosticado su origen.
Separa lo imprescindible de lo opcional
Organiza tus ideas en tres grupos: actuaciones necesarias, cambios que te gustaría valorar y elementos que prefieres mantener. Esa clasificación no sustituye la valoración del inmueble, pero ayuda a explicar tus prioridades.
Si tienes un presupuesto orientativo, aclara que es una referencia de planificación, no una estimación técnica del coste.
Reúne la información que ya tienes
Prepara fotografías actuales, medidas aproximadas, planos disponibles y referencias de materiales. Identifica qué documentos reflejan el estado actual y cuáles son solo ejemplos de lo que te gusta. Las medidas aproximadas sirven para orientar la consulta, no para sustituir las comprobaciones necesarias.
Explica cómo necesitas utilizar la vivienda
Indica si estará ocupada, si existen restricciones de acceso y qué elementos deben protegerse o conservarse. Son aspectos que conviene plantear antes de dar por válida una planificación.
Revisa lo que queda pendiente
Termina con una lista de preguntas: alcance, materiales, trabajos complementarios y condiciones de ejecución. Cuando recibas una propuesta, comprueba qué resuelve y qué decisiones siguen abiertas.
Si quieres consultar una reforma, prepara esta información y utiliza los canales de contacto de Grupo Perera. Más información en reformas integrales y parciales y en la guía qué información incluir al pedir presupuesto.

